Columnas de Opinión

[Opinión] La naturaleza deliberativa de la democracia

Por Marcelo Estrella Riquelme, director Observatorio Social de la Universidad del Alba.

Marcelo Estrella, director del Observatorio Social de la Universidad del Alba.

En un emotivo —y rápidamente viralizado— discurso pronunciado durante la ceremonia de titulación de Harvard de este 2026, Noah Eckstein, un joven de solo 20 años y estudiante de esa universidad, hizo un llamado al diálogo, la tolerancia y la humildad: valores ampliamente defendidos en el discurso público, pero seriamente amenazados en los hechos.

Su intervención impactó porque fue expresada en medio de cruentas guerras alrededor del mundo, pero también ante un panorama de intolerancia que tiene a las democracias occidentales sumidas en una preocupante espiral de polarización. Y ocurrió, además, en una de las universidades más prestigiosas del mundo, criticada últimamente por la irrupción de la cultura de la cancelación, donde algunos dueños de la verdad censuran a personas e ideas que consideran falsas o indeseadas.

En su discurso, Noah reflexionó sobre sus orígenes familiares. Nieto de un musulmán que se casó con una cristiana, cuya hija se convirtió al judaísmo y se casó con un judío —sus padres—, contó cómo en su hogar siempre se discutió todo: religión, política, valores y cultura.

Pese a las obvias diferencias entre un refugiado musulmán y los herederos de sobrevivientes del Holocausto, que a su vez viven en un país mayoritariamente cristiano, en su familia siempre hubo respeto y cariño. Para Noah, esto era el resultado natural de quienes habían vivido las peores atrocidades del siglo XX y habían aprendido, sobre todo, a escuchar. Porque habían visto que quienes creen tener siempre la razón son los que causan los mayores males.

Quisiera traer esta reflexión a Chile. No estamos ajenos a la polarización ni a su causa más profunda, que, a mi juicio, es la ignorancia o abandono de uno de los pilares centrales de la democracia: su carácter deliberativo.

Junto a la igualdad ante la ley, la libertad individual, el debido proceso, la representación ciudadana, la soberanía del pueblo y el consentimiento, la deliberación es uno de los cimientos de una verdadera democracia. Y aunque varios de estos pilares pueden verse deteriorados, es precisamente la naturaleza deliberativa el aspecto más ausente de nuestra política.

Si, como dijera Alexis de Tocqueville, los valores que inspiran la democracia son la libertad y la igualdad, es la naturaleza deliberativa del ejercicio de ambos lo que posibilita la convivencia de individuos que, siendo iguales en dignidad y derechos, también son libres de determinar su propio destino.

La igualdad nos acerca a nuestros semejantes; la libertad nos recuerda que cada uno tiene derecho a custodiar su particularidad, expresarse y defender sus intereses. El equilibrio entre ambas permite convivir sin atropellarnos unos a otros, sin que un grupo más fuerte o más grande someta a uno más débil o minoritario y, sobre todo, sin que una opinión predominante anule cualquier crítica o disidencia.

La clave está en mantenernos comunicados, abiertos al flujo natural de las ideas que manan de las mentes libres, siempre que sean reconocidas con igual dignidad y tengan la oportunidad de expresarse y escucharse como si tuvieran la misma posibilidad de verdad.

Esta apertura a expresar y escuchar está en el fondo del llamado de Noah cuando dijo que “hay que escuchar al otro como si uno pudiera estar equivocado”. No es sólo una apelación a la humildad que amerita nuestra naturaleza falible. También es un reconocimiento de que el otro es un igual: alguien que, como uno, piensa, siente y percibe la vida y el mundo, aunque con sus propios y únicos ojos.

Aquí vale la pena volver a Aristóteles, quien entendía al hombre como un ser dotado de logos, es decir, de la capacidad de razonar y de tener lenguaje. Ambas facultades nos distinguen de los demás seres vivos, porque nos permiten debatir sobre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. En otras palabras, el logos nos define como seres esencialmente deliberativos.

Si la democracia reconoce al mismo tiempo los ideales de igualdad y libertad, debe entonces potenciar nuestra naturaleza deliberativa. De aquí nacen la libertad de prensa, el derecho a la información, la libertad de expresión y de reunión; la defensa de toda instancia en que los ciudadanos puedan discutir, exponer y escuchar sus ideas y, a través de ellas, participar en la construcción del proyecto común.

En nuestro tiempo, el Congreso es la mayor instancia institucionalizada de deliberación, pero el debate público lo excede con mucho. Aquí juegan un papel central la prensa, los partidos políticos, los gobiernos locales y las más diversas asociaciones civiles: espacios de reunión, discusión, deliberación y ejercicio de la libertad política.

Parece evidente que estos principios no se plasman realmente en nuestro debate público. Basten algunos ejemplos de la degradación del carácter deliberativo de nuestra democracia: el Congreso, los partidos políticos y la prensa.

El Congreso Nacional se caracteriza por debates groseros, una rutilante falta de argumentos y un exceso de ataques personales, así como un desprecio al lenguaje y, sobre todo, una carencia de escucha al otro. Es casi imposible que un parlamentario sea convencido por su adversario, si es que lo escucha siquiera. Las decenas de acusaciones constitucionales desde 2019 son prueba de una política entendida como guerra de trincheras, y no como búsqueda deliberativa del bien común.

Los partidos políticos ya no son espacios para cultivar ideas. Hoy tenemos dos tipos de partidos: los doctrinarios acérrimos, que no están dispuestos a cambiar ni una coma de sus ideas y jamás las someten a crítica; y aquellos que han olvidado la relevancia de las ideas y se dedican a fungir como plataformas electorales para los advenedizos mejor aspectados.

La prensa, por su parte, se ha vuelto una caja de resonancia de la estridencia y la carencia de deliberación. Los periodistas se mueven más por la cacería de cuñas polémicas que por la búsqueda de argumentos y la discusión seria. A ello se suman las redes sociales que, al amparo del anonimato, han catalizado la impulsividad emocional por sobre la discusión sosegada que busca puntos de encuentro.

En suma, el carácter deliberativo de nuestra democracia está siendo acribillado por generales que suplantan a líderes y que buscan y azuzan a soldados que reemplazan a ciudadanos. Todos parecen dispuestos a inmolarse por sus ideas en una Guerra Cultural fratricida, donde el diálogo, la tolerancia y, sobre todo, la humildad para escuchar al otro como si uno mismo pudiese estar equivocado, han sido reemplazados por la estridencia, la grosería y la cancelación.

Urge recuperar la humildad intelectual para reconstruir la amistad cívica que nos permita convivir en paz. Debemos dejar de lado la trinchera cultural, donde las superioridades morales e ideológicas den paso a la igualdad de posibilidades que todos tenemos de acercarnos a la verdad, en el marco del ejercicio libre de la reflexión crítica.

Sólo así podremos compatibilizar los ideales de igualdad y libertad en que se funda la democracia.

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Comunicador y empresario de medios con una trayectoria de más de 14 años en la industria. Es el actual propietario de SoloMultimedios SpA, empresa matriz que gestiona La Opinión Online, Solo Radio y Solo Multimedios Producciones. Miembro del directorio de la Asociación de Comunicadores de Hispanoamérica (ADC) y Representante Legal de la Organización de Comunicadores Asunción. Su experiencia editorial incluye una década de liderazgo como Director de Radio Asunción y la cobertura acreditada de eventos de trascendencia internacional, tales como la visita de S.S. Francisco a Chile y de forma ininterrumpida desde 2013 en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar y el Festival del Huaso de Olmué.

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Marcelo Andrade Saez

Comunicador y empresario de medios con una trayectoria de más de 14 años en la industria. Es el actual propietario de SoloMultimedios SpA, empresa matriz que gestiona La Opinión Online, Solo Radio y Solo Multimedios Producciones. Miembro del directorio de la Asociación de Comunicadores de Hispanoamérica (ADC) y Representante Legal de la Organización de Comunicadores Asunción. Su experiencia editorial incluye una década de liderazgo como Director de Radio Asunción y la cobertura acreditada de eventos de trascendencia internacional, tales como la visita de S.S. Francisco a Chile y de forma ininterrumpida desde 2013 en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar y el Festival del Huaso de Olmué.

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