Académico de la UPLA alerta sobre los efectos de la pornografía en la población joven

Disfunción eréctil, eyaculación precoz, insatisfacción sexual y con el propio cuerpo son las principales dificultades a las que se han visto expuestos, en el último tiempo, jóvenes entre 18 y 35 años. Así lo confirma el psicólogo y coordinador del área Clínica del Departamento Disciplinario de Psicología de la Universidad de Playa Ancha, Juan Pablo Araya Abarca.

El especialista plantea que es un tema emergente, que en Chile no se ha estudiado, pero que en el ámbito de la consulta clínica se ve bastante y que tiene relación con el alto consumo de pornografía que existe en nuestro país.

Según el informe anual que elabora Pornhub, el portal de pornografía con más visitas en el mundo: 33,5 mil millones en 2018, Chile está en el puesto Nº 39 en el mundo (ránking 2017) por debajo de países vecinos como México, Brasil, Argentina, y Perú. Otro dato clave que entrega es que, del universo de usuarios, el 61% corresponde a jóvenes (mujeres y hombres) entre 18 y 35 años, cuyo rango etario prefiere en primera instancia ver hentai (mangas japonesas o animé con sexo explícito).

En nuestro país, el consumo diario de pornografía está repercutiendo en el desempeño sexual de los jóvenes. “Lo que uno está viendo y que uno no veía antes, años atrás, es que los jóvenes a corta edad, incluso al iniciar su vida sexual comienzan con dificultades o con patologías sexuales como: disfunción eréctil, eyaculación precoz, insatisfacción sexual o lo que se ve mucho es la insatisfacción con el propio cuerpo”, detalló el académico UPLA.                    

Araya explicó que algunos estudios muestran que los hombres y mujeres se comparan con los actores y actrices porno, los hombres lo que hacen es tratar de ver cuán dotados están, y las mujeres, por su lado, se preocupan por el tamaño de los senos y por cuan gordas o flacas se encuentran en comparación con las actrices.

“Algo que no hacen los jóvenes cuando ven pornografía es distinguir claramente que lo que están viendo no es real y asumen que la sexualidad es así y cuando uno ve un video pornográfico, lo que ve son dos actores con cuerpos bastante bien dotados, rasurados, sin estrías, sin flacidez, sin rollitos, sin olor, sin condón, sin caricias, sin juego previo, sin conversación y nada de eso es lo que sucede en la realidad”, aclaró. 

Juan Pablo Araya agregó que, según estudios realizados, las personas que comienza a tener problemas por el consumo de pornografía, son aquellas que ven más de 30 minutos por lo menos tres veces a la semana. Estadística que puede ser ampliamente superada si se analizan las plataformas utilizadas para acceder a estos contenidos, antes se arrendaban películas, se compraban revistas, se iba al cine, ahora todo es más inmediato a través del Internet y los múltiples sitios, pero también a través de WhatsApp, una tendencia que ha ido en ascenso en los últimos años.   

“En el WhatsApp llegan a cada rato y de manera indiscriminada videos que duran dos minutos, quizás menos, fotografías de sexo explícito y ese es un tipo de pornografía que se está consumiendo ahora por todas las edades en la palma de la mano, en la micro, en la sala de clases, en el hogar, en cualquier lado. El acceso ahora está mucho más abierto y por lo tanto, el riesgo de que esto llegue a manos de los niños es mucho mayor y así está siendo”, alertó el académico UPLA.

En esa línea, el psicoterapeuta planteó que es tremendamente peligroso entregarle un celular con internet a un niño o niña menor de 13 años, ya que no tiene criterio para decidir qué sitio o contenido pudiese ser inadecuado. Por otro lado, hizo un llamado a conversar de la sexualidad, pero también de la afectividad, ya que van de la mano. 

“Una de las mejores estrategias para prevenir el consumo indiscriminado de drogas y podríamos agregar de pornografía es estar una hora al día con nuestros hijos que nos miremos, que conversemos, que nos riamos, juguemos a la pelota, eso se ha evidenciado ser un potente preventor de consumo indiscriminado de sustancias, de juego, de adicción al internet y adicción a la pornografía podríamos agregar. Simplemente estar, conversar, aprender a querernos”, concluyó el coordinador del área clínica del Departamento de Psicología de la Universidad de Playa Ancha.         

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