[Opinión] Ni prohibir ni celebrar: enseñar a pensar con inteligencia artificial
Por Francisca Beroíza, Directora Magíster en Docencia Universitaria de la Universidad de Las Américas.

Dos años después de que la inteligencia artificial generativa irrumpiera en las salas de clases, las universidades chilenas siguen oscilando entre dos reacciones: prohibirla o celebrarla. Ninguna hace justicia a lo que está en juego.
La prohibición parte de una premisa comprensible —proteger la integridad académica— pero ignora una realidad que cualquier docente constata cada semestre: los estudiantes ya usan estas herramientas, con o sin permiso. Vetarlas no las hace desaparecer; solo las vuelve invisibles, las saca de la conversación pedagógica y deja, a quienes aprenden, sin criterios para discernir cuándo una respuesta automática es brillante, mediocre o derechamente falsa.
Asumir que la IA “democratiza” el conocimiento por sí sola, omite una pregunta incómoda: ¿quién aprende efectivamente a usarla bien? La evidencia comparada sugiere que las brechas previas —de capital cultural, acceso, confianza académica— no se disuelven con la tecnología, sino que tienden a reproducirse en ella. Quien llega con más herramientas para formular buenas preguntas obtiene mejores respuestas. La inteligencia artificial, lejos de nivelar, puede amplificar desigualdades que ya conocemos bien, incluidas las de género en áreas STEM, donde la subrepresentación femenina sigue siendo una deuda pendiente del sistema.
Hay un tercer camino: enseñar a pensar con y frente a la inteligencia artificial. Esto supone un desplazamiento del foco. La pregunta deja de ser “¿cómo evito que la usen?” y pasa a ser “¿qué competencias necesita una persona para usarla de forma crítica, ética y productiva?”.
Verificar fuentes, reconocer sesgos, distinguir un argumento sólido de uno verosímil pero hueco, hacerse responsable del resultado: estas son habilidades formativas, no obstáculos a la formación.
Ese giro tiene consecuencias concretas para la docencia. Significa rediseñar evaluaciones que premien el proceso de pensamiento y no solo el producto final. Implica explicitar en cada curso qué usos son legítimos y cuáles no, en lugar de dejarlo a la intuición. Y significa, sobre todo, acompañar a los docentes en esta transición, la formación continua deja de ser un complemento deseable y se vuelve condición de posibilidad.
Chile tiene aquí una oportunidad que conviene no desaprovechar. Mientras buena parte del debate público sobre educación superior se concentra —legítimamente— en el financiamiento, corremos el riesgo de descuidar una transformación silenciosa que ya está reconfigurando lo que significa aprender y enseñar. Las decisiones que tomemos ahora sobre cómo integrar estas herramientas marcarán a una generación entera de profesionales.
La inteligencia artificial no reemplazará a los docentes. Pero sí está redefiniendo su tarea: menos transmitir información, que ahora está a un clic de distancia, y más enseñar a pensar en un entorno donde distinguir lo verdadero de lo plausible se ha vuelto una habilidad de supervivencia intelectual.

Comunicador y empresario de medios con una trayectoria de más de 14 años en la industria. Es el actual propietario de SoloMultimedios SpA, empresa matriz que gestiona La Opinión Online, Solo Radio y Solo Multimedios Producciones. Miembro del directorio de la Asociación de Comunicadores de Hispanoamérica (ADC) y Representante Legal de la Organización de Comunicadores Asunción. Su experiencia editorial incluye una década de liderazgo como Director de Radio Asunción y la cobertura acreditada de eventos de trascendencia internacional, tales como la visita de S.S. Francisco a Chile y de forma ininterrumpida desde 2013 en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar y el Festival del Huaso de Olmué.
